La mañana del diez de agosto en Nueva Ludonia – país en algún lugar del mundo – Prometía ser bien agita. Cientos de personas se movilizaban para llevar a cabo lo que sería la elección del nuevo Presidente de la República para que durara en ese cargo cuatro años. En un pequeño pueblo llamado La Aldea el panorama no era distinto de lo que se hacía en el país; sin embargo, el objetivo de esta movilización no era para elegir un presidente, mas sus intenciones eran algo parecidas.
En La Aldea se estaba eligiendo – a diferencia del resto del país – al Mago Supremo. Pues es que La Aldea era un pueblo en donde el «abracadabra» era el pan de cada día y las apariciones en espejos era el medio en que magos y brujas se comunicaban ya que estos eran las formas habituales de hacerlo, esto era lo que les hacían diferentes de los mortales.
En un lugar céntrico de La Aldea se encontraban reunidos en un café de nombre La Taza Mágica, centenares de magos para quienes el tema de discusión en las últimas cinco semanas había sido la elección del nuevo Mago Supremo y ya para el anochecer especulaban sobre quién iba a ganar.
- Te estoy diciendo que Neil Steward va a ganar las elecciones, díselo Hipólito, díselo.
Un anciano que reposaba apaciblemente en los brazos de Morfeo dio un pequeño salto en su butaca al encontrarse en medio de un corro de personas quienes expectantes esperaban a que aquel anciano emitiera su comentario. Lentamente y con un bostezo que provocaba que su boca se abriera en dimensiones considerables, el anciano llevó a su boca una taza cuyo contenido era un frío café, el cual había dejado sobre la mesa mientras tomaba la siesta. Después de unos cuantos segundos el anciano habló.
- Si… si… Mi padre siempre decía que a los mortales el poder se les sube a la cabeza… si… si… una lastima… si… el joven Salvatierra Sol y Luna… una trágica muerte… - llevó una vez más la taza con el frío café a la boca y después de dar un gran sorbo continuó como sin importarle la sarta de incoherencias que había dicho –. En mi humilde opinión pienso que el nuevo Mago Supremo deberá ser alguien que tenga: Primero la suficiente perseverancia para aguantar los primeros meses de su regencia ya que el mago que anteriormente ocupó ese cargo hizo grandes cosas. Segundo y lo más importante – el anciano bajó el tono de voz y los presentes tuvieron que acercarse para alcanzar a escuchar lo que iba a decir – deberá desenmascarar a los miembros de La Cofradía.
- Ahí vas de nuevo – le reprochó la anciana que lo había invitado a participar de la conversación –. Disculpen a mi esposo, a veces creo que a él ya lo dejó la escoba.
Unos cuantos rieron por lo bajo pero al anciano parecía no importarle tal situación.
- ¡Rayos Orencia! Todos tienen que saber, tienen que darse cuenta que La Cofradía ha estado actuando en el anonimato desde hace mucho tiempo y que ningún mago o bruja del Consejo Supremo ha advertido de su presencia ya que están temerosos de que les ocurra lo mismo que a aquellos que se han atrevido a hacerle frente.
- Como el joven Salvatierra Sol y Luna – le interrumpió la anciana.
- Exactamente. Todos piensan que estoy loco y tú eres la principal promotora de ese rumor, tú traidora de… - el anciano hizo una repentina pausa, hizo un gesto como si le hubieran encandilado los ojos con una luz muy fuerte, luego prosiguió – si… si… claro. Ese era mi padre, siempre creyendo, siempre pensando en ayudar a los mortales, hasta que un buen día murió como uno de ellos.
- Personalmente – intervino la anciana después de aclararse ruidosamente la garganta y de dirigir un gesto severo hacia su esposo – creo, y me mantengo en la firme convicción, que Neil Steward será el próximo Mago Supremo.
De repente entró al lugar un joven mago de cabello castaño, cejas pobladas y desordenadas, y con el sudor que le bañaba la frente como si hubiera estado corriendo por todo el pueblo. Todos miraron a aquel muchacho quien con voz grave anunció:
- Intentaron sabotear las elecciones pero el grupo de escoltas fueron advertidos a tiempo para evitar el complot. Ahora todo está bien. Los votos ya fueron contados y… ¡Ha ganado!
- ¡Lo sabía! – exclamó triunfante Orencia –. Siempre supe que Neil Steward sería el nuevo Mago Supremo.
- ¿Neil Steward? ¡No! ¡¿Cómo crees?! – La contradijo aquel joven – quien gano fue Miller… ¡Frank Miller es el nuevo Mago Supremo! y oficiará su discurso en la plaza del Elfo dentro de media hora.
Todos empezaron a buscar la salida para dirigirse en precipitada carrera hacia la plaza del Elfo dejando solos a Orencia y a su anciano esposo quien le dirigió una mirada triunfante para luego quedarse nuevamente dormido.
A las once de la noche las calles de La Aldea estaban totalmente abarrotadas de magos y brujas que acudían a escuchar el discurso del nuevo Mago Supremo quien alistaba los últimos detalles para subir a la tarima.
- ¿Todo listo Frank? Perdón quise decir Excelencia.
- ¿Cómo qué excelencia? ¿De cuando acá tenemos esos tratos?
- Solo bromeaba.
- Más te vale. Recuerda que voy a necesitar mucha ayuda y en ningún otro lugar encontraré a otro Damon Krauth. Ninguno como tú – lo frenó el nuevo Mago Supremo antes de que su amigo pronunciase frase alguna.
Damon Krauth era el mejor amigo del nuevo Mago Supremo, Frank Miller, se conocían de toda la vida. Damon era un hombre alto, cabellera oscura peinada hacia atrás, sus ojos oscuros como la noche tenían un brillo que le daba una mirada profunda, su nariz puntiaguda estaba siempre atenta para captar el olor de los problemas. Frank Miller, un mago muy sabio a pesar de sus treinta y dos años – motivo por el cual se convertía en el Mago Supremo más joven de todos los tiempos – tenía una larga cabellera negra, contextura fina, respetado por muchos magos y brujas a lo largo de toda su carrera por los diferentes logros concebidos. Los dos amigos habían estudiado en el mismo colegio para magos, graduados en diferentes especialidades pero unidos una vez más por el trabajo realizado para el comité de Confraternidad del Mundo Mágico bajo la tutela del para ese entonces Mago Supremo, Richard O. Custer.
La plaza del Elfo estaba abarrotada, los que no tenían una buena visión de la tarima flotaban en sus escobas mientras que una cuadrilla de escoltas custodiaban el lugar. Cintas de todos los colores adornaban la tarima, un número importante de magos celebraban a viva voz el triunfo de Frank Miller como Mago Supremo, juegos de artificios que al explotar tomaban forma de animales iluminaban el cielo, los aplausos de la emocionada multitud rompían el cielo de la noche.
- MIS QUERIDOS ELECTORES – vociferaba un anciano con voz de trueno –. HOY, HEMOS CONSEGUIDO ALGO JAMÁS VISTO. HEMOS TRIUNFADO AUNQUE TODOS NOS DABAN POR PERDIDOS – muchos aplausos y gritos –. SI, SI, ESTO NO HUBIERA SIDO POSIBLE DE NO SER POR USTEDES, ESTE TRIUNFO ES DE USTEDES Y PARA USTEDES – más aplausos y gritos –. BUENO, BUENO, AHORA LO QUE ESPERABAN. CON USTEDES EL NUEVO Y EL MÁS JOVEN MAGO SUPREMO DE LA HISTORIA DEL MUNDO MÁGICO: FRANK MILLER.
Al subir Frank Miller a la tarima un ruido ensordecedor lo ovacionó al tiempo que decenas de cohetes volaban por el oscuro cielo y al estallar dibujaban el rostro del nuevo Mago Supremo con una amplia sonrisa. Después del espectáculo los asistentes aplaudieron hasta más no poder y una vez que Frank Miller se hubo parado frente al micrófono se hizo un silencio generalizado.
- No hay palabras que puedan expresar lo que siento esta noche, una gran alegría me embarga. Gracias a todos ustedes por confiar en mí, no los defraudaré. El camino que nos toca recorrer es largo y está lleno de obstáculos, la única forma de caminar sin tropezarnos es estar todos unidos. Venceremos a los que intentan romper el equilibrio del mundo mágico si sujetamos juntos la varita – el ruido ensordecedor rompió el silencio prolongado mientras que Frank Miller pronunciaba su discurso –. Una era ha terminado, otra va a empezar, fomentaremos la confraternidad del mundo mágico con el mundo de los mortales: No más persecuciones, no más abuso de poder, ningún mago utilizará la magia contra un mortal sin ser castigado. El Consejo Supremo será la plataforma para que mantengamos el orden que tanta sangre nos ha costado. Espero, y es mi más ferviente deseo, ser lo que ustedes esperan y cumplir con los objetivos propuestos.
El público lo ovacionó una vez más acompañados por unos silbadores que volaban por lo alto, luces de bengalas, confetis, y algunas maromas en el aire por parte de magos montados en escobas.
- ¿Cómo estuve? – le preguntó Frank a su amigo Damon.
- En la escala del uno al diez, te daré un diez.
- Más te vale.
- El mensaje era claro – puntualizó Damon – sólo un tonto no entendería lo que quisiste decir. ¿Cómo era? ¡Ah si! Venceremos a los que intentan romper el equilibrio del mundo mágico si sujetamos juntos la varita.
- Esperemos que tú y yo no seamos los únicos en haber entendido le mensaje – sentenció Frank.
Ya era casi media noche cuando Frank y Damon decidieron que ya habían celebrado lo suficiente y que ahora era tiempo de regresar a casa en donde sus familias lo esperaban expectantes. El auto de Gobierno se estacionó en el número dieciséis de la calle América, lugar donde residía la familia Miller. Del interior de la casa salieron a su encuentro una mujer con el cabello ondulado, muy hermosa, ojos negros y prominentes; detrás suyo un muchacho de doce años precedido de uno más pequeño de diez años. Emily, Tom, Jostin y por supuesto Frank conformaban la familia Miller Olsen y junto a sus vecinos, Damon, Sara, y los mellizos Johann y Catering Krauth.
- ¡Lo lograste! ¡Lo lograste! – vitoreaba Emily –. Querido estoy muy orgullosa de ti – Damon se aclaró ruidosamente la garganta –. Bueno, de los dos.
- Nuestro triunfo – intervino Damon utilizando un tono despectivo en su voz – se debe al trabajo…
- Ahí vas de nuevo – le reprochó Sara.
- ¡Qué! Yo también ayudé ¿no? – objetó Damon con cara de inocencia.
- Es cierto – corroboró Frank –. Además, el Mago Supremo, necesita de un Primer Canciller. Señoras y señores… ah y jóvenes que nos acompañan en esta… no, en este nuevo día… tengo el agrado de presentarles a: Damon Krauth Primer Canciller.
- Muy buena – sonrió Damon – yo hablaba en broma.
- Pues yo no estoy hablando en broma – puntualizó Frank.
- Ya, ya, no juegues.
- No estoy jugando. Yo no podría haber conseguido este cargo si no hubiera contado con el apoyo de mi familia, y sabes perfectamente que tú, tu esposa y tus hijos forman parte de mi familia. Y si quiero llegar a tener éxito, debes estar a mi lado. Como en los viejos tiempos.
- Anda papá di que sí – lo apuró Johann.
- Como en los viejos tiempos – corroboró Damon y después de un apretón de manos, todos se fueron a descansar.
La primera plana de los diarios más importantes de la comunidad mágica anunciaban la sorpresiva victoria de Frank Miller en las elecciones celebradas el día anterior. Es así como, por ejemplo, El Diario – periódico más popular – había impreso en sus primeras páginas y con letras grandes el siguiente titular:
FRANK MILLLER NUEVO MAGO SUPREMO
Contra todo pronóstico el joven candidato, Frank Miller, venció a su contendor, el famoso mago Neil Steward, en unas elecciones muy reñidas y sorpresivas a la vez, ya que nadie se esperaba que Miller se convirtiera en el nuevo Mago Supremo, y además, el más joven a lo largo de toda la historia.En una reñida disputa, Miller obtuvo el cincuenta y nueve por ciento de los votos contra cuarenta y uno por ciento de los obtenidos por Steward quien no se siente muy conforme con el resultado y, apelará a la Comisión Electoral para que realice un nuevo conteo de votos.Otro de los periódicos, Mundo Mágico, había publicado una nota que rezaba:
¡OH SORPRESA! VICTORIA INESPERADA
STEWARD SE QUEDA SIN PAN NI PEDAZO
Mientras que en el diario vespertino llamado La Tarde – opositores a muerte de Steward – no perdieron oportunidad para decir:
UN MAL PERDEDOR
NEIL STEWARD ACUSA A MILLER DE FRAUDE
El candidato a Mago Supremo – y que para fortuna nuestra no alcanzó su objetivo por razones ya conocidas – ha demostrado que no solo era una mala opción para los votantes – mala suerte para los que confiaron en él –, sino que también, ahora nos demuestra ser un mal perdedor. Así es, queridos lectores, ya que el señor Steward – director del hospital de criaturas mágicas – declaró que la victoria de Miller se debe a un muy bien planeado fraude electoral – como si no existiera una comisión encargada de prevenir este tipo de actos.La posesión de Frank Miller como nuevo Mago Supremo transcurrió con normalidad: Muchos magos y brujas de todos los rincones del país, mucha ovación, aplausos, seguridad extrema, fotos, entrevistas, en fin; todo cuanto había sucedido estaba dentro de los parámetros establecidos. Como era de esperarse, un ardido Neil Steward hizo su aparición fuera del Palacio de Gobierno armando un gran alboroto, hizo juramentos teniendo como testigo a todos los presentes: Desenmascaré a cada uno de ustedes – amenazó Steward a la nueva directiva –, y cuando lo haga, ustedes – se dirigió al público – me suplicarán que tome el lugar que me corresponde. La intervención de la Guardia del Palacio calmó los ánimos, de esta manera contribuyó a que la fiesta terminó en paz.
El día siguiente a la posesión del nuevo Mago Supremo iba tornándose feo para el candidato Neil Steward. Ninguno de los periódicos locales perdió la oportunidad de imprimir en sus portadas, y a color, la foto de Steward visiblemente alterado durante la ceremonia de posesión de Frank Miller. Es así, como el periódico vespertino La Tarde publicaba:
MAL PERDEDOR Y ADEMÁS SANGRÓN
LA NUEVA CARA DE STEWARD
No se trata de la publicación de un libro o de una de las telenovelas de mayor ranting, se trata de la realidad. Una cruel realidad, para ser exactos. Ayer en el Palacio de Gobierno se presentó el candidato Neil Steward gritando a los cuatro vientos que…Con el correr de las horas la calma fue retornando lentamente a las transitadas calles de Nueva Ludonia, el candidato Steward había optado por no salir en público durante los días que quedaban de la semana, esto motivó a que la atención se centrase en el Mago Supremo saliente, Steven Cronos, a quien después de cuatro años de gobierno, la idea de abandonar su cargo le daban un gran respiro y una oportunidad para cumplir algunos de sus sueños. Contrario a la actitud de Cronos, algunos de los funcionarios del Palacio de Gobierno estaban en zozobra debido a que se corría el rumor de que el nuevo Mago Supremo llevaría acabo un plan de gobierno que incluiría despidos masivos.
El ambiente en la casa de los Miller era tranquilo. Por su parte Frank se encontraba gozando de sus últimos días libres antes de asumir su cargo, Tom se preparaba para rendir sus exámenes finales y luego unas merecidas vacaciones, mientras que Jostin a más de estudiar para sus exámenes de fin de grado, tenía una tarea adicional: Preparar el discurso de terminación de primaria.
- Es algo que debes hacer tú solo – le recomendaba Frank –, tiene que salir de tu corazón. Yo no siento lo que tú sientes en este momento porque no soy yo quien va a terminar la primaria.
- Puedes fingir – aventuró Jostin.
- No – lo contradijo Frank –, no sería ético. Tú puedes hacerlo, eres un buen estudiante…
- El más destacado de tu clase – intervino Emily.
- Ya lo sé – corroboró Jostin con un dejo de aburrimiento en la voz.
- El precio de la fama – terció Tom –. Yo me voy retirando porque voy a estudiar con Johann.
- ¿Te vas sin libros? – le preguntó perspicazmente Jostin.
- Ah… este… si bueno… yo, bueno.
- ¡Tommy!
- ¡Mamá! No me digas así.
Bueno, no es que Tom fuera un estudiante desobligado, de vez en cuando le entraba la flojera, pero cuando se proponía a sacar puros dieses no había nada que se lo impidiera. Jostin en cambio era el cerebro de la familia: Todos los años recibía condecoraciones por su desempeño escolar, era escogido para declamar; en fin, todas esas cosas que a Tom no le llamaban mucho la atención. Tom se había destacado por ser hábil en el uso de hechizos defensivos, otro punto fuerte era poder desarrollar pociones como si se tratase de cualquier cosa. Claro está, que el noventa por ciento de las veces que había usado una poción elaborada por él mismo, habían cumplido su objetivo, salvo el caso en que en una ocasión al intentar que una poción hiciera que las rosas del jardín de Emily tuvieran una vida más prolongada, consiguió que éstas tuvieran un color negro y emanaran un hedor a bombas fétidas.
La mañana del sábado en el encabezado de El Diario se publicó un amplio reportaje de los logros alcanzados por el Mago Supremo saliente, así como también algunos de sus fracasos y las cosas que quedaron solo en proyectos.
EL LEGADO DE CRONOS
Cronos, el hasta ahora Magos Supremo, deja a su sucesor un número considerable de aciertos y equivocaciones. Entre sus aciertos podemos citar:- La creación del instituto de Especialidades Mágicas.- La creación del hospital de criaturas mágicas.Más abajo la nota continuaba.
Entre sus equivocaciones destacan:
- El fallido contrato firmado con los enanos para la explotación de las minas de oro en Monte Dorado.- Falta de capacidad para saber elegir a los miembros de su gobierno ya que como pudimos observar durante estos cuatro años, el Mago Supremo cambiaba su gabinete como cambiarse de túnica. Después de haber repasado los apuntes sobre La Batalla de las Doce Horas, Tom y Johann decidieron salir a dar una vuelta por los alrededores. Llegaron hasta un pub de nombre Pociones al Paso en donde se sirvieron un par de naranjadas para aplacar un poco el calor, provocado por los más de treinta y cuatro grados centígrados, mientras que examinaban El Diario.
- Le dan con todo ¿no? – opinó Johann.
- Si, pero ya ni al caso. Ya sabes como es la gente: Palo porque bogas y palo porque no bogas. Nosotros mejor debemos mantener la mente relajada y libre de malos pensamientos – los dos echaron a reír –. Al profesor Frings le gusta que respondamos al pie de la letra, ya sabes como es él.
- Dímelo a mí – corroboró Johann –. Recuerdas que en una respuesta me bajó dos puntos porque me hacían falta dos palabras: Día negro. Qué injusticia – concluyó con falsa tristeza.
- Pero tú… - Tom se interrumpió al observar que fuera del pub se encontraba Emma Adams, compañera de él – Tom – y Johann.
- ¿Me decías?
Tom no prestó atención a las palabras de su amigo.
- Hum… ¿Me decías? – insistió Johann.
- ¿Ah? – reaccionó Tom –. Pues decía que…
- ¡Hola chicos!
Frente a ellos y sin que se percataran del momento en que entró al pub, se encontraba Emma Adams; su cabello liso y rubio como el sol caía sobre sus hombros, su rostro impecable tenía una gran sonrisa que dejaba ver sus blancos dientes y sus ojos verdes hacían juego con el color de su blusa.
- ¡Hola Emma! – saludaron a la chica Tom y Johann al unísono. El saludo de Tom era alegre, mientras que el de Johann fue un saludo brusco.
- ¿Quieres sentarte? – le preguntó Johann con falsa alegría.
- Si – respondió Emma después de pensarlo durante unos segundos - ¿Estudiaron ya?
- Si – afirmó Tom como quien no quiere la cosa.
- Si quieres que te soplemos en el examen…
- No, no quiero – frenó Emma a Johann.
- Pensé que eso era lo que querías – insinuó Johann de muy mala gana.
- Pues te equivocas – lo contradijo Emma y al instante se levantó de la silla y salió del lugar visiblemente enfadado.
- ¿Por qué la tratas así? – le reprochó Tom a Johann.
- Es una pesada. Además, siempre quiere obtener las cosas del modo más fácil. ¡Como si pudiera copiar en un examen!
- ¿Te pusieron pimienta en la naranjada? – le reprochó Tom.
- Será mejor que regresemos. Ya va a caer la noche y mañana tengo que despertarme temprano. Tú también tendrías que hacer lo mismo.
- ¿Yo? ¡Pero si mañana es domingo! – protestó Tom.
- ¿Es que no te lo había dicho? Mañana saldremos de paseo a la casa de campo que tenemos en la Naranjita y por supuesto tú y tu hermano están invitados.
- ¡¿En serio?! Pero, ¿es necesario invitar a Jostin? Ahora que esta estudiando para los exámenes de grado se ha puesto un poco pesado. Bueno, siempre ha sido pesado pero ahora está al cien por ciento de su pesadez.
- Lo estaré observando.
- Bueno, allá tú. Está guapa Emma ¿no?
- ¡Cállate! – respondió Johann con fastidio.
Llegado el domingo los Krauth junto a Tom y Jostin salieron muy temprano rumbo a La Naranjita – un lugar lleno de inmensos árboles, verdes pastizales, flores vestidas de bellos colores, cerros que parecían llegar más allá del cielo y el trinar de las aves rompiendo el silencio del nuevo día que nace – en donde pasarían todo el día en la casa de campo que los Krauth tenían.
- Personalmente quería venir en escoba – observó Johann –. Pero decidí que era mucho más divertido venir en camioneta, ya sabes, no hay nada como disfrutar del viaje conversando, observar los verdes campos, respirar aire puro.
- ¡Ya dice! – lo contradijo Catering – trataste de convencer a papá para que te dejara venir montado en tu escoba, pero ya vez, no lograste convencerlo y por eso estás aquí.
- Catering, Catering, Catering – le dijo Johann con un tono de impaciencia en la voz –. Cuando no te pidan que hables, no hables. Y si te piden que hables, de igual forma no hables.
- Muy gracioso – le reprochó Catering mientras por lo bajo reían Tom, Jostin y Emma.
Johann lanzó una mirada furibunda a Emma y luego se concentró en mirar el colorido paisaje. Mientras el viaje transcurría, Tom conversaba amenamente con Emma mientras que Johann había permanecido callado durante un gran tiempo hasta que decidió intervenir en la conversación, para contradecir a Emma, para variar.
- Si claro, como si nos permitieran hacer ese tipo de encantamientos en casa, ni en el colegio nos los dejan practicar. ¡Aventus Finus!
- Es magia negra – intervino Tom con un tono lúgrube en la voz.
- Y muy avanzada – terció Catering.
El rostro de Emma se contorsionó por la ira que le embargaba contra Johann y no sólo era por ese comentario, sino porque él siempre se había esmerado por caerle mal. Después de tres horas de viaje, alrededor de las nueve de la mañana, llegaron al sitio conocido como La Naranjita en donde tomaron un sendero que los conducía a una colina en cuya cúspide se levantaba una casa de campo con chimenea de la cual salía humo, y el olor a café tostado se podía percibir desde una distancia considerable.
- ¡Buenos días! – saludó alegremente un anciano desde el portal de la casa.
- ¡Wenceslao! ¡Cuánto tiempo! – exclamó Damon.
- Señor es un gusto tenerlo a usted y a su familia con nosotros. ¡Pero miren, si son los mellizos! ¡Cuánto han crecido! ¿Cuántos años tienen?
- Trece – respondieron Johann y Catering al unísono.
- Si claro, recuerdo perfectamente la noche en que nacieron. Fue exactamente aquí, en esta casa. ¡Cuánto tiempo al servicio de una gran familia! – exclamó con añoranza el viejo Wenceslao - ¿Y ustedes son?
- Ella es Emma – los presentó Damon –, es compañera de clases de Catering y ellos son Tom y Jostin, los hijos de mi buen amigo Frank Miller.
- ¡No puede ser! – exclamó Wenceslao con incredulidad – Los hijos del nuevo Mago Supremo.
- Así es – corroboró Damon – Tom va en el mismo curso que Johann, Jostin va a terminar la escuela este año.
- Es todo un honor para mi – les dijo Wenceslao a Tom y Jostin al tiempo que les estrechaba fuertemente la mano –, espero que se sientan a gusto.
- ¡Buenos días señor y señora Krauth! – saludó una mujer de nombre Murilia esposa de Wenceslao –. Llegan justo a tiempo. El desayuno está listo, todo como les gusta a los jóvenes amos.
- Señora Murilia, ¿será posible que haya un poco de natilla acompañada de una rebanada de queso? – aventuró a preguntar Johann.
- ¡Pues claro que sí! – exclamó la mujer - ¿Cómo no voy a tener listo lo que tanto le gusta al joven amo.
- Me agrada mucho – le susurró por lo bajo Johann a Tom.
- ¿La natilla o ella? – preguntó por detrás Emma.
Johann puso los ojos en blanco ante la inoportuna intervención de Emma y con un codazo en el costado de Tom lo apuró para que entraran a la casa. Ya en el interior el olor del café y de los huevos revueltos provocaba que el estómago de Johann rugiera como león hambriento y sin más preámbulos se dirigieron a la cocina en donde el fogón mantenía caliente el desayuno. La mesa se encontraba repleta de comida: Panes, leche, café, tostadas, queso, natilla, frutas frescas, jugo, todo cuanto podía tener un desayuno decente, a criterio de Johann.
Poniendo la mesa se encontraba la hija de Wenceslao y Murilia, su cabello estaba cubierto con un pañuelo a juego con su vestido típico de los de la servidumbre, la entrada de Johann y Tom la cogieron desprevenida, al punto que un plato se le soltó de las manos y se estrelló en el piso haciéndose añicos.
- Keith ¿Estás bien? – le preguntó Johann.
- Si e… estoy bien – respondió ella con un poco de nerviosismo en la voz, agitó su varita y el plato volvió a su estado original en las manos de la chica –, solo, solo he tenido un mareo… nada de qué preocuparse.
- ¿Estás segura? – insistió Johann a lo que ella asintió con la cabeza en inmediatamente se incorporó a sus labores – ¿Cómo ha estado la cosa por aquí? ¿Llueve mucho? ¿Y el ganado cómo está? Oye ¿y los árboles de grosella? No los habrán cortado ¿o si?
- Bien, apenas unas brisas, creciendo cada día y no, no los han cortado – respondió Keith con una amplia sonrisa – Y ustedes ¿cómo han estado? ¿Qué tal las clases?
- Estamos bien – respondió Johann –, el colegio ya sabes: siempre exigentes: que si los aportes, que si los proyectos, queso, perdón que si las investigaciones, a propósito mañana empezamos los exámenes. ¿Verdad Tom?
- Si, es cierto pero como Johann es un experto para esto de la estudiada…
- Ya, no me halagues, ya sabes que no me gusta. Por lo menos no en público. Por cierto – se dirigió a Keith – él es Tom, Tom Miller.
- ¿El hijo del nuevo…?
- Mago Supremo – completó la frase Tom con un deje de aburrimiento en la voz.
- Lo siento – se disculpó Keith.
- No te preocupes. No es que a mí me moleste que la gente cuando escucha mi nombre lo primero que diga es que si se trata del hijo del nuevo Mago Supremo, pero es que esto es tan repentino.
- Lo entiendo – le dijo Keith –. Particularmente me gusta más estar aquí en este lugar siendo una completa extraña para toda la comunidad mágica que gozar de la fama de ser la hija de una persona importante en lo social.
- Cualquiera quisiera estar en tu lugar – corroboró Tom – qué daría yo por estar aquí en este lugar. Es tan…
- Rico – intervino Johann.
- ¿Qué?
- Rico. Este queso está rico – aclaró Johann – delicioso diría yo.
El resto de la mañana Tom, Johann, Jostin, Emma, Catering y Keith, estuvieron recorriendo toda la finca. Recogieron grosellas las cuales comieron hasta que se les durmieron las muelas y los dientes; recorrieron los potreros en donde pastaban alrededor de veinte vacas, diez chivos, tres toros; bajaron por un sendero que conducía a un arrollo de cristalinas aguas. Mientras caminaban, Tom iba junto a Johann y Keith, mientras que Catering estaba acompañada de Emma – quien de vez en cuando lanzaba miradas sobre su hombro dirigidas al grupo en que venía Tom – y Jostin.
Regresaron al medio día, pero tuvieron la gran idea de salir a almorzar en un lugar cerca del arrollo, así que guardaron el almuerzo en una canasta y se dirigieron en grupo, los seis chicos, en dirección al arrollo en donde tendieron un mantel, sacaron el contenido de la canasta y se dispusieron a comer.
Después del almuerzo Jostin sacó un cuaderno de apuntes que tenía doblado en el bolsillo trasero de su pantalón y aprovechando la tranquilidad del lugar clavó sus ojos en su cuaderno.
- Observen al genio de mi familia – anunció Tom a lo que Jostin se hizo de los oídos sordos –. No te rías Keith, lo digo en serio. Primer lugar desde que ingresó a la escuela, condecoraciones todos los años y para rematar, lo han delegado para que sea él quien de el discurso de fin de curso.
- ¿Y tú? – le preguntó Keith.
- El es adoptado – intervino Johann –. Es broma – se retractó – lo que pasa es que Tom no es tan bueno para estar pegado en los libros, a él más que la teoría le apasiona la práctica. Verás, siempre es el primero en lograr hacer un hechizo, casi nunca falla en las pociones…
- Pues yo nunca fallo al hacer una pócima – lo interrumpió Emma.
- Es verdad – corroboró Catering.
- ¡Qué fastidio! – exclamó Johann y al instante se levantó y zapatos se metió en el arrollo.
- ¿Qué le ha hecho? – le preguntó por lo bajo Keith a Tom.
- Rechazarlo – le contestó Tom.
- ¿Cómo?
- Hace dos años Johann le declaró su amor a Emma…
- ¡No te creo!
- Si, pero ella le dijo que no le gustaba, que estaba enamorada de otro chico pero nunca le dijo quien.
- A ti te gusta – no era una pregunta que le formulaba, era una afirmación – me he dado cuenta que a todas horas la miras, y ella parece estar interesada también en ti.
- Tienes razón, es hermosa. Pero ella no parece tomar en serio a nadie. Te lo digo porque salimos en varias ocasiones pero a la hora de poner en claro las cosas ella dijo que sin compromiso.
- ¡Ah! Qué lastima.
- Si pero ya pasó. Es bonita, pero no quisiera estar con alguien así.
De a poco las cosas entre Johann y Emma se fueron relajando, él se disculpó por haber sido tan huraño mientras que ella lo cogió del brazo y emprendieron el camino de regreso a casa